Epic, Chaos, Romance, Guilt

Cuarta, quinta y sexta clase: El primer diario de Colón

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 24, 2010

 

La primera persona

En estas dos clases he propuesto una lectura atenta de algunos pasajes significativos del Diario de Colón. En este texto voy a resumir las ideas principales de la discusión. Primero, traigo a cuento esta cita de Roland Greene en la que sostiene que:

“Columbus is the inventor of the explorer and conquistador as a first person, the self-conscious register of culturally legible experiences that will be replicated and glossed by legions of later figures, but never superseded” (Unrequited Conquest 74).

Uno de los rasgos más notorios del Diario del almirante es la recurrencia de la primera persona, la cual aparece no solamente como fórmula gramatical (yo, nosotros) sino también como subjetividad. En la narración del viaje y del descubrimiento de las nuevas tierras occidentales, la perspectiva del navegante es explícita, ya sea en singular o en plural. Colón no solamente describe la exploración y las tierras a las que llega sino que se refiere constantemente a sus perspectivas emocionales, sus juicios sobre la belleza y el valor de los lugares y las personas y, sobre todo, hace explícitas sus intenciones económicas y políticas.

El acto de posesión

En otra hoja he seleccionado los fragmentos sobre los que me interesa llamar la atención a fin de comprender mejor los elementos que definen la visión del almirante en sus diarios. Comencemos por la cita I tomada de le entrada del 11 de noviembre:

“A las dos horas después de media noche pareció la tierra, de la cual estarían dos leguas. Amañaron todas las velas, y quedaron con el treo, que es la vela grande sin bonetas, y pusiéronse a la curda, temporizando hasta el día viernes, que llegaron a una isleta de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahani. Luego vinieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Anés, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la † y otra de otro”.

Esta es la llegada a la isla de Guanahani, rebautizada por Colón como San Salvador y que ahora pertenece a las Bahamas.

            Observemos en qué consiste el primer acto de los navegantes frente a la tierra nueva y consideremos su significado: se trata de un acto de posesión simbólica que consiste en sacar dos bandera con la cruz verde conteniendo a cada expremo, respectivamente, las iniciales de Fernando e Isabel y sus correspondientes coronas.

            La visión que nos ofrece es la de una llegada triunfante. Los navegantes cristianos no llegan a las costas de la isla con la cautela que uno espera de un explorador cuando llega a un lugar desconocido. Por el contrario, su primer gesto es de una clara posesión del lugar y sus símbolos son la cruz y los nombres de los reyes de Castilla y Aragón. La conquista de los territorios posee dos ejes inseparables: la religión y la política. Por cierto, esta conquista es en principio simbólica pero el símbolo es un anuncio de lo que la política y la religión quieren proyectar.

            En el primer diario notamos, en efecto, que Colón entra como conquistador a quien la sola imposición de los símbolos reales le basta para adjudicar a los reyes los nuevos territorios. No vemos aquí ninguna resistencia. Colón supone que su ausencia es suficiente para dar por sentada su posesión.

            El viaje es presentado entonces como una conquista. Colón nos presenta constantemente gestos que simbolizan la posesión. Uno de los más notorios es el acto de nombrar. Otro es el permanente cálculo del provecho esperado, especialmente respecto de la fuerza de trabajo. Observemos, por ejemplo, la descripción de los cuerpos en este pasaje de la entrada del 11 de ocubre:

“Mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vide más de una farto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos cuasi como sedas de cola de caballos, e cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos de tras que traen largos, que jamás cortan. Dellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y dellos se pintan de blanco, y dellos de colorado, y dellos de lo que fallan, y dellos se pintan las caras, y dellos todo el cuerpo, y dellos solos los ojos, y dellos sólo el nariz. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les amostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen algún fierro: sus azagayas son unas varas sin fierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pece, y otras de otras cosas. Ellos todos   a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos.”

Los nativos    

La mirada de Colón sobre los cuerpos de los indios debe ser comprendida a partir del concepto de “esclavo natural” que vimos en nuestra clase sobre Aristóteles. Como podemos ver, los indios son:

Bellos

Jóvenes

Bien constituidos

Pobres

Se trata de la descripción de personas que pueden ser aprovechadas para el trabajo. La pobreza tiene que ver aquí con la simplicidad de su estilo de vida. Esta es un ideologema que va a recorrer el periodo colonial y que llega hasta nuestros días: los indios son pobres, carecen de lo elemental, viven de manera simple y son ingenuos.

Una persona pobre no puede darme nada material ni espiritual pero yo sí le puedo dar algo. Por ejemplo, le puedo dar mis cosas y mi religión. La relación con una persona pobre nunca será simétrica pues ella me deberá a mí pero yo nunca le deberé a ella. La relación con la persona pobre es, entonces, de dominio.

La idea es que yo le puedo dar a los indios pobres lo que les falta. Aquello que les falta es principalmente una formación política que los humanice, que maximice su potencialidad como seres humanos y que los saque de la oscuridad. Mi religión y mi gobierno se convierten en los dones que serán de su provecho. Obviamente, mi finalidad es obtener el máximo de beneficio material de esta relación pero ideológicamente presento la explotación como una relación de mutuo beneficio –esto ya lo vimos en los fundamentos políticos aristotélicos. Quiero resaltar el hecho de que los indios son presentados como pobres pero esto no quiere decir que lo hayan sido. Desde la perspectiva del almirante, el carecer de armas, de vestimentas, de herramientas y de un régimen político son señales evidentes de pobreza. Pero no debemos confundirla con la pobreza tal como la entendemos modernamente.

            Ahora bien, los signos de la forma de vida de los poseen un valor ambivalente. Por un lado, los muestran como pobres, como salvajes y, en consecuencia, como esclavos naturales. Pero por otro lado la pobreza es una figura evangélica. En este sentido, los indios son los bienaventurados, los que serán reivindicados cuando la historia se revele (esto es, el apocalipsis). Sin duda, este último sentido es uno de los que quiere rescatar Las Casas, de quien podemos sospechar que transcribe el diario de Colón con la finalidad de rastrear, ya en los primeros días de la conquista, aquellas imágenes que sirve a su discurso indigenista.

            En un tercer sentido, el estado natural y salvaje en el que viven los indios se asemeja al Paraíso. Colón repite muchas veces que los indios andan desnudos, que no tienen vergüenza, que no conocen el mal y que la tierra en la que viven es abundante en frutos que ellos recogen. Veamos esta entrada del 4 de noviembre:

“Dice más el Almirante: esta gente es muy mansa y muy temerosa, desnuda como dicho tengo, sin armas y sin ley. Estas tierras son muy fértiles: ellos las tienen llenas de mames que son como zanahorias, que tienen sabor de castañas, y tienen faxones y fabas muy diversas de las nuestras, y mucho algodón, el cual no siembran, y nacen por los montes árboles grandes, y creo que en todo tiempo lo haya para coger, porque vi los cogujos abiertos y otros que se abrían y flores todo en un árbol, y otras mil maneras de frutas que me no es posible escribir; y todo debe ser cosa provechosa”.

Es interesante que Las Casas intervenga con el discurso indirecto en este pasaje, uno que favorece su visión de los indios como naturalmente inocentes y a quienes no se debe hacer daño. Claramente, la tierra posee una forma paradisíaca porque es abundante y no requiere ser trabajada. Estos indios son como Adan y Eva antes de la caída; su desnudez aquí no es pobreza sino inocencia.

El paraíso como negocio

            En esta descripción del 21 de octubre encontramos un rasgo significativo de la especial relación de Colón con la maravilla del nuevo continente. La belleza de las islas llega a conmover a Colón, quien por un lado se muestra profundamente tocado por la hermosura de las tierras pero, por otro, nunca deja de estar preocupado por el valor que ellas poseen:

“A las diez horas llegué aquí a este cabo del isleo y surgí, y asimismo las carabelas. Y después de haber comido fui en tierra, adonde aquí no había otra población que una casa, en la cual no fallé a nadie, que creo con temor se habían fugido, porque en ella estaban todos sus aderezos de casa. Yo no les dejé tocar nada, salvo que me salí con estos capitanes y gente a ver la isla; que si las otras ya vistas son muy fermosas y verdes y fértiles, ésta es mucho más y de grandes arboledos y muy verdes. Aquí es unas grandes lagunas, y sobre ellas y a la rueda es el arboledo en maravilla, y aquí en toda la isla son todos verdes y los hierbas como en el abril en el Andalucía; y el cantar de los pajaritos que parece que el hombre nunca se querría partir de aquí, y las manadas de los papagayos que ascurecen el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras que es maravilla; y después ha árboles de mil maneras y todos de su manera fruto, y todos huelen que es maravilla, que yo estoy el más penado del mundo de no los cognoscer, porque soy bien cierto que todos son cosa de valía, y de ellos traigo la demuestra y asimismo de las hierbas”.

Para Colón, las tierras de las Indias poseen la gran cualidad de la temperancia. No son ni frías como las tierras europeas ni calientes como las africanas. Las Indias están en el justo medio y esto significa que son el lugar propicio para la salud. La bondad de estas tierras es tal no existe la enfermedad y los males que traen los europeos consigo logran curarse:

“Cuánto será el beneficio que de aquí se puede haber, yo no lo escribo. Es cierto, Señores Príncipes, que donde hay tales tierras que debe haber infinitas cosas de provecho; mas yo no me detengo en ningún puerto, porque querría ver todas las más tierras que yo pudiese para hacer relación de ellas a Vuestras Altezas, y también no sé la lengua, y la gente de estas tierras no me entienden ni yo ni otro que yo tenga a ellos. Y estos indios que yo traigo muchas veces les entiendo una cosa por otra al contrario, ni fío mucho de ellos, porque muchas veces han probado a fugir. Mas agora, placiendo a Nuestro Señor, veré lo más que yo pudiere, y poco a poco andaré entendiendo y conociendo y faré enseñar esta lengua a persona de mi casa, porque veo que es toda lengua una fasta aquí; y después se sabrá los beneficios y se trabajará de hacer todos estos pueblos cristianos porque de ligero se hará, porque ellos no tienen secta ninguna ni son idólatras, y Vuestras Altezas mandarán hacer en estas partes ciudad e fortaleza y se convertirán estas tierras. Y certifico a Vuestras Altezas que debajo del sol no me parece que las puede haber mejores en fertilidad, en temperancia de frío y calor, en abundancia de aguas buenas y sanas, y no como los ríos de Guinea, que son todos pestilencia, porque, loado Nuestro Señor, hasta hoy de toda mi gente no ha habido persona que le haya mal la cabeza ni estado en cama por dolencia, salvo un viejo de dolor de piedra, de que él estaba toda su vida apasionado; y luego sanó al cabo de dos días”.  

Nuevamente, Colón expone el valor potencial de estos lugares y el gran beneficio económico que le darán a la corona. Este valor se halla tanto en la riqueza de su naturaleza como en la facilidad con la que calcula que serán convertidos los indígenas. Dado que no tienen “secta” (religión), su conversión al cristianismo no será ningún problema. El razonamiento se resume en poca inversión y alta ganancia. Tanto la naturaleza como los grupos humanos son, para el almirante, fácilmente domesticables. La tierra es virgen –no trabajada—  al igual que la mente de los indios. Por tanto, hacer productivos la tierra y los indios no debe implicar mayor dificultad.

Los caníbales del gran Can

            Colón encuentra sumamente explotable esta tierra y estas personas que aún no han sido explotadas. La simplicidad política e intelectual de los indios es concomitante con la naturalidad del espacio. Será tarea de los reyes católicos humanizar a estos pueblos y a estas tierras mediante su explotación. Como ya he explicado, estos son indios sencillos, mansos y, por tanto, domesticables.

            Pero, frente al indio manso, aparece la figura del indio feraz. Estos modelos de indígenas que aquí presenta Colón –el inocente que es domesticable y el feraz que se resiste a la domesticación— van a permanecer en la imaginación en torno a los nativos América e, incluso, se puede decir que existe aún en nuestros días.

            Colón escribió que los nativos hacían continua referencia a unos pueblos llamados “caniba o canima”, compuestos por personas malvadas y violentas que capturaban prisioneros para comérselos. Al principio, Colón se niega a creer en su existencia y arguye que “Caniba no es otra cosa sino la gente del Gran Can, que debe ser aquí muy vecino, y terná navíos y vernán a captivarlos, y como no vuelven creen que se los han comido. Cada día entendemos más a estos indios y ellos a nosotros, puesto que muchas veces hayan entendido uno por otro”.

            Ya he señalado cómo Colón se complace en encontrar tierras hermosas habitadas por gentes sencillas porque esto facilita su conquista. Sin embargo, él no pierde de vista que su interés último es encontrarse con una civilización, que es la del Gran Can. El reino del Gran Can que Colón imagina es lo opuesto a lo que ve en estos indígenas: se trata de un territorio políticamente complejo habitado por gentes que gozan de un estadio superior de humanidad, dada su sofisticación. En su obsesión por encontrarse con este lugar, Colón se niega a creer en las historias sobre los caníbales. Piensa que los indios en realidad tienen un gran miedo de los hombres de este reino e inventan historias descabelladas sobre ellos. Este razonamiento posee mucho sentido: el reino del gran Can debe ser sumamente poderoso y, por tanto, muy temido. Pero si es políticamente complejo y, por tanto, superior en un sentido aristotélico, es imposible que practique la antropofagia, ya que ésta es propia de los pueblos inferiores que no conocen ni la ley ni el gobierno de los reyes.

            La antropofagia es un tabú que permite organizar la civilización. Al igual que el incesto y la homosexualidad, el tabú impone el principio de la diferencia: yo no puedo comer lo que es como yo, ni puedo tener sexo con lo que es similar a mí por razones de sangre o de género. Por ello mismo, el incesto, la sodomía y la antropofagia son las señales que nos indican que estamos ante un pueblo inferior que no conoce los principios elementales de la ley natural. Los europeos estarán buscando aquellos rasgos en los pueblos que conquistan a fin de calcular su proximidad con el salvajismo.

            El indio no domesticable será representado de esta manera: como alguien que no conoce ni siquiera los tabúes básicos, es decir, los principios elementales de la ley natural que la propia razón nos ofrece. Pero, además, será un personaje feo. Esta concomitancia entre lo malo y lo feo es sumamente poderosa en la ficción y, sin duda, es un principio que encontramos incluso en narraciones populares de nuestros días. Los malos no solamente son violentos, antinaturales e irracionales; son, además, feos.

Así, Colón no cree en las historias sobre los caníbales hasta que se encuentra con un indio tan feo y tan diferente en este aspecto a los otros –que son invariablemente bellos— que lo hace sospechar que se trata de uno de estos antropófagos. Sobre este indio se dice:

“que era muy disforme en el acatadura más que otros que hobiesen visto. Tenía el rostro todo tiznado de carbón, puesto que en todas partes acostumbran de se teñir de diversos colores. Traía todos los cabellos muy largos y encogidos y atados atrás y después puestos en una rebecilla de plumas de papagayos, y él así desnudo como los otros. Juzgó el Almirante que debía ser de los caribes que comen los hombres, y que aquel golfo que ayer había visto que hacía apartamiento de tierra y que sería isla por sí”.

La fealdad está asociada a un mayor salvajismo, a lo feraz, a lo más cercano al estado bruto, pre-político. Las historias sobre los caribes se hacen creíbles cuando Colón ve a un indio que no corresponde al modelo del manso, inocente y bello.

 

Algo sobre las sirenas

En la entrada del 9 de enero hay un pasaje desconcertante en el que Colón dice haber visto “tres serenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara. Dijo que otras veces vido algunas en Guinea, en la costa de la Manegueta”.

            La sirena originalmente era una mujer-pájaro cuyo canto hechizaba a los hombres. Aquí se transmite la idea de la sirena como mujer-pez. Sin duda, lo que vio Colón fueron manatíes que, en efecto, son animales que no destacan por su belleza. Lo interesante en este pasaje es observar una vez más cómo la mirada de Colón está profundamente marcada por la narración escrita y oral. Colón acomoda el mundo nuevo que observa a los antecedentes que le ofrecen los libros de viajes y las historias de los navegantes. La visión de América no se puede explicar sin este archivo fabuloso de imágenes.

 Los votos de Colón

Finalmente, prestemos atención a un momento crucial del viaje. Colón regresa a España y en un momento la expedición está a punto de naufragar debido a una tormenta. Ante el grave peligro, Colón y su tripulación realizan sorteos para cumplir ciertas romerías y prometen “ir todos en camisa en procesión a hacer oración en una iglesia que fuese de la invocación de Nuestra Señora”.

En primer lugar, debemos recordar que en la época ir en camisa era un signo de humillación. En segundo lugar, no debemos olvidar que, siendo una expedición comercial, el viaje de Colón tenía, al menos para él, un sentido místico y que su advocación a la Virgen está asociada con la tarea que él pensaba haber asumido. La Virgen María debía apoyar a su empresa porque ía apoyar a su empresa porque ésta implicaba el cumplimiento de una tarea de dimensiones trascendentales.

Este mismo sentido es recogido por Las Casas, quien representa al almirante en principio como un santo con una misión superior y luego como un hombre caído en desgracia, como el primer causante de las desgracias ocurridas en las Indias. Elvira nos hace recordar aquí el significado del nombre “Cristóbal” y que para Las Casas contenía un mensaje profético. Colón era también un hombre que creía en las profecías y, de hecho, es el autor de un Libro de las profecías. No podemos comprender su figura sin tomar en cuenta este aspecto espiritual con el cual se autorrepresentaba como un cargador de la cristiandad.

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Al-Andalus (Documental)

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 21, 2010

Antes de nuestra clase del jueves sobre El Abencerraje, quiero que vean un ilustrativo documental sobre Al-Andalus.

Las partes del documental son las siguientes:

1: http://www.youtube.com/watch?v=CIXx2KtGL1Q

2: http://www.youtube.com/watch?v=fErqyOJflCw

3: http://www.youtube.com/watch?v=x1s7uFsJn-U&feature=related

4: http://www.youtube.com/watch?v=TTZZxRNzhfI&feature=related

5: http://www.youtube.com/watch?v=XwewXsVjOYc

6: http://www.youtube.com/watch?v=a_ifjk1sPak&feature=related

7: http://www.youtube.com/watch?v=3791OpswZIA

8: http://www.youtube.com/watch?v=b9T7Uh8QYQc

9: http://www.youtube.com/watch?v=XC-JbWxjkls

10: http://www.youtube.com/watch?v=b_cag4-6D3c

11: http://www.youtube.com/watch?v=l3Xtw6Dfn1Q&feature=related

Trivia I: Resultados

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 17, 2010

RESPUESTAS:

1.- Es un sermón de san Vicente Ferrer. Se trata de un texto medieval del siglo XV. La idea principal es que el mundo entero ha conocido ya la palabra de Cristo y que el tiempo del cumplimiento de las profecías está cerca. Observemos la forma en que es visto el espacio y la relación entre éste y el tiempo. El centro de la geografía y del tiempo es la historia de la salvación.

2. Es un fragmento tomado de la “Historia natural y moral de las Indias” de José de Acosta (siglo XVI). La visión es totalmente diferente porque en este texto hay un mundo nuevo y, por tanto, la misión de los cristianos continúa. La aparición de América echa por tierra la idea de espacio y tiempo medievales.

3. Este es un fragmento de la “Historia de las Indias” de Bartolomé de las Casas (siglo XVI). Aquí Las Casas hace una crítica a la información que podemos obtener de los cronistas clásicos y la sitúa en su contexto ideológico. Es un razonamiento típicamente renacentista.

4. Es un fragmento del “Libro de los Estados” del infante don Joan Manuel (1282-1348). Más antiguo que el de Ferrer, Joan Manuel nos ofrece aquí la visión política y espiritual de un noble. El centro de la política es la espiritualidad cristiana ordenada de manera estamental.

5. Es el inicio de “El Lazarillo”, texto típicamente renacentista en el cual un personaje modesto es protagonista de una historia y además su vida es contada desde su propia voz.

Gracias por sus respuestas. Creo que hemos aprendido mucho observando los detalles de los textos y encontrando lo que los diferencia.

Imagen: Blasón del Infante don Juan Manuel. Imagen tomada de aquí. Véase más sobre don Juan Manuel aquí.

Texto de lectura: El Abencerraje

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 17, 2010

El texto El Abencerraje, que vamos a analizar en la clase del 25 de febrero, puede ser descargado en este vínculo. Se trata de un texto anónimo del siglo XVI y tiene como protagonistas al Rodrigo de Narváez, alcaide de Alora y Antequera, el caballero moro Abindarráez y su novia, la hermosa Jarifa.

El tema ahora son los musulmanes españoles e, indirectamente, los moriscos.

Para el miércoles 24 de febrero, quiero que respondan estas dos preguntas muy sencillas:

1. ¿Cuál es la diferencia entre un “moro” y un “morisco”?

2. ¿Qué ocurría, en el tiempo de esta historia, en la zona de Antequera? ¿Qué clase de lugar es?

Voy a publicar las respuestas antes de la clase.

Guía para leer el Primer Diario de Colón

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 16, 2010

Vocabulario

aderezo: vitualla, posesión

agora: ahora

almadía: canoa

amostrar: mostrar

avante: adelante

azagaya: lanza o dardo

Cipango: Japón

cuasi: casi

es menester: es necesario

farto/a: harto/a

fasta: hasta

fecho: hecho

fermoso: hermoso

foja: hoja

fugir: huir

hinchir: llenar

hobieron: hubieron

hobo: hubo

lentisco: arbusto

Leste: este

Lueste: oeste

maravedí: unidad monetaria

nao: nave

nos: nosotros

oueste: oeste

por ende: por tanto

resgate: rescate, botín

restinga: punta o lengua de arena debajo del agua

roquedo: peñasco

so: sobre

sotil: sutil, amable (subtle, kind)

sueste: suroeste

temporejar: mantenerse con poca vela sin alejarse

tracto: trato

trujeron: trayeron (they brought)

V.A.:Vuestras Altezas (los reyes católicos Fernando e Isabel)

vide: vi (I saw)

voto: promesa

Preguntas para guiar la lectura

  1. ¿A dónde cree que está llegando el almirante?
  2. ¿Cómo describe a los indios?¿Qué es lo primero que le llama la atención de ellos?
  3. ¿Cómo observa la naturaleza?
  4. ¿Hay una relación entre los indios y la naturaleza?
  5. ¿Qué objeto busca obsesivamente?
  6. ¿De qué manera deduce qué es lo que valoran los indios?
  7. ¿De qué manera Colón impresiona a los indios?
  8. Los indios responden dando regalos, ¿qué crees que esto significa?
  9. ¿De qué manera el aspecto físico es una manera de juzgar a los indios?

10.  ¿Qué tipo de nativos son los más temidos? ¿Cuál es la característica que los distingue?

11.  Prestemos especial atención al jueves 14 de febrero. ¿Qué ocurre ese día y cómo demuestran su devoción? ¿Cuál es el gran temor del almirante?

12.  Prestemos atención al jueves 7 de marzo. ¿Cómo representan su misión Colón y sus navegantes?

Tercera Clase: La política de Aristóteles

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 15, 2010

Pueden ver la presentación de la clase en este enlace (power point).

Texto de lectura: El primer viaje a las Indias de Cristóbal Colón

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 10, 2010

Este documento fue compendiado por Bartolomé de las Casas. Para la clase, no es necesario leer las secciones en itálicas. Vamos a prestar especial atención a las partes marcadas en letras negrillas (bold). He aquí el texto: El primer viaje a las Indias de Cristóbal Colón.

Texto de Lectura: Fragmento de La Política de Aristóteles.

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 9, 2010

En este vínculo pueden encontrar el fragmento de La Política que debemos leer para la clase del jueves: Politica-Libro 1

Segunda Clase: La polémica sobre la conquista de América. La doctrina de Matías de Paz y López de Palacios Rubio. El debate de Valladolid entre Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 8, 2010

Los cristianos nuevos y los problemas de la fe

Como podemos comprender de la lección anterior, el siglo XVI de la España imperial fue el siglo de la novedad.

Había, en efecto, un “continente nuevo” con su geografía y sus poblaciones desconocidas que ponían en cuestión lo que se sabía sobre la forma del mundo y la historia que, no debemos olvidarlo, en buena medida era entendida como la historia de la fe cristiana.  

Ello obligó a enfrentar las ideas clásicas y desarrollar nuevos conocimientos y nuevas aproximaciones a lo humano.

Había una nueva clase social. Estos eran los letrados, quienes ostentaban cada vez mayor influencia en las cuestiones de Estado. El centralismo del Imperio significó enfrentarse con la aristocracia, especialmente con la aristocracia regional. Los letrados eran funcionarios destinados a tareas administrativas y provenían mayormente de la burguesía o de los estamentos más modestos de la nobleza. Algunos letrados incluso tenían orígenes judíos y accedían a posiciones de poder a través de la carrera eclesiástica. Como consecuencia, apareció un virulento antisemitismo que tuvo como origen el resentimiento de ciertos sectores de la nobleza que habían perdido influencia.

Por su puesto, hay que recordar la novedad que implicaba la imprenta y la industria editorial. Con el desarrollo de la burguesía, aparecen el lector de libros impresos y el escritor que satisface tal demanda.

Ello produjo una profusa abundancia tanto de textos como de nuevos géneros literarios.

Finalmente, había “cristianos nuevos”, es decir, las gentes recientemente convertidas a la fe y su descendencia, principalmente judíos conversos y los llamados “moriscos”. Por su parte, los indígenas de América eran “plantas nuevas en la fe”.

Pero lo nuevo era problemático. España se hizo grande gracias a los nuevos territorios, a las nuevas riquezas y a los nuevos sometidos. A la vez, el español se construyó ideológicamente distanciándose de quien no pareciera provenir de sus raíces. El “cristiano nuevo” era un sujeto dudoso y la fe de los indios se consideraba parcial, ya que, para los misioneros, sus capacidades intelectuales, especialmente para entender los sacramentos, no parecían claras.

Es como si lo nuevo hubiera exaltado la valoración de lo viejo. Por ejemplo, un “cristiano viejo” era un español sin antepasados judíos o musulmanes. Los “cristianos viejos” solían enorgullecerse de su “pureza”. Si no era noble ni rico, al menos podía mirar con desprecio a los “cristianos nuevos”.

El historiador Rodrigo de Zayas refiere que, desde 1548 “hubo necesidad legal de demostrar la ausencia de antepasados judíos o moros (es decir musulmanes), para acceder a ciertos privilegios, a ciertas actividades profesionales, e, incluso, después de la gran deportación, para casarse, tener hijos legítimos y heredar” (Los moriscos y el racismo de Estado 31).

Los indios, por su lado, estaban sometidos a un estamento de servidumbre y por esto mismo debían ser “protegidos” mediante leyes especiales por el rey. Si sobre alguna población recayó especialmente la disciplina del régimen cristiano, fue sobre ellos, al punto que la proporción de sangre indígena en una persona definía qué lugares podía ocupar en la sociedad.

En el cambio de los paradigmas ideológicos, la experiencia del enfrentamiento con los indios fue crucial. Por ejemplo, los españoles podían considerar como evidente la bondad del gobierno cristiano y la barbarie del régimen de los incas. Pero los misioneros solían quejarse de  la dificultad de hacer comprender la nueva doctrina a los indios. Esto hacía dudoso que fueran “gentes de razón”.  La doctrina cristiana no podía estar equivocada. Si resultaba que los indios no accedían plenamente a ella, era porque ellos no se habían humanizado lo suficiente para comprenderla[1]. Entonces, si el evangelio demandaba una continuidad que era entendida como ascenso espiritual, ésta era constantemente desacreditada por el arduo e inacabable trabajo de conversión.  Los indios no solamente eran sujetos de conversión sino un nuevo tipo de humanidad que sometía a prueba la idea de una historia universal.

La sensación de que el tiempo se quiebra, de que para unos y para otros el mundo cambia radicalmente, es reconocible no solamente en esta relación entre españoles e indígenas sino también entre los españoles y otro grupo de derrotados, a saber, los moriscos. La caída del reino de Granada en 1492 puso fin al esplendor del reino nazarí pero también –lo que fue mucho más impactante— produjo una crisis de la espiritualidad tanto para conquistadores como para conquistados.

Los musulmanes que aceptaron quedarse en territorio cristiano son conocidos como mudéjares. Bajo los acuerdos firmados por los reyes católicos con el rey Boabdil de Granada, dichas comunidades debían ser respetadas en su religión y sus costumbres. Pero solamente diez años después, en 1502, se les impuso la obligación de convertirse al cristianismo o de ser expulsados. Los mudéjares convertidos forzosamente al cristianismo fueron conocidos como moriscos (“pequeños moros”) y su identidad era difícil tanto para los mismos cristianos como para los otros musulmanes, ya que era difícil reconocerlos como leales a una u otra religión.

El debate

Varios años atrás, durante las primeras décadas de la conquista de América, el rey Fernando, insatisfecho por los resultados de la junta de Burgos a la cual había solicitado definir jurídicamente la potestad de la corona de Castilla y León sobre los nuevos territorios, encargó al jurista Juan López de Palacios Rubios y al canónigo Matías de Paz que escribieran su opinión en torno al mismo asunto. El primero plasmó sus ideas en su tratado De las islas del mar océano –compuesto con fecha desconocida entre 1504 y 1516 –, y el segundo en De dominio regum hispaniae super indos, –escrito hacia 1512–. Ambos sostuvieron la tesis de que el rey de Castilla era el señor natural de aquellas tierras. Pero Matías de Paz reconoció además el derecho de los indios a vivir en libertad, lo que significaba que no había justificación jurídica para su servidumbre.

Ambos juristas partieron de una misma fundamentación jurídica que tenía como fundamento la ley natural, es decir, un mandato que no provenía de una norma particular sino de la naturaleza misma del ser humano.

La doctrina concebía al ser humano era un ser dotado de entendimiento y, en consecuencia, de libre albedrío. Este razonamiento era fundamental para entender, por ejemplo, la responsabilidad de una persona cualquiera y capacidad de pecar. El pecado es un acto voluntario, surgido de la decisión libre de la persona.

Como consecuencia del libre albedrío, aparecía el “señorío natural” que significaba que los pueblos tenían derecho a ser gobernados por los señores que ellos mismos eligieran. La democracia nos parece un concepto moderno; sin embargo, recordemos que ya existía entre los griegos pero también –incluso si es en una manera extraña para nosotros – en la doctrina jurídica medieval románica que llegó al renacimiento.

Como lo explicó Palacios Rubios, el señorío natural surge de un sometimiento libre, autorizado por la propia nación, y que tiene por finalidad organizarla bajo leyes humanas y protegerla. El tratadista sostuvo que “el pueblo sólo confió al Emperador la jurisdicción y protección, como antes he dicho, y por eso sólo los Reyes y demás señores temporales, que hacen las veces del Emperador, deben tener esas atribuciones” (Palacios Rubios De las islas del mar océano 75).  Esa autoridad legítima “procede del Dios Supremo y de éste recibe todo el que la ejerce” (Palacios Rubios De las islas del mar océano 75).

Ahora bien, no todo poder era lícito ni provenía de Dios. Para que lo sea, tiene que haber sido alcanzado por una de estas cuatro vías, a saber: por elección –a falta de parientes consanguíneos ante la muerte del soberano—; por sucesión hereditaria; por matrimonio contraído con una reina y por concesión del papa o del emperador en las tierras donde tienen facultad para establecer un Rey. Este último era el caso de los reyes de Castilla y ello legitimaba su jurisdicción sobre las tierras del Nuevo Mundo (Palacios Rubios De las islas del mar océano 77).

Pero si esto era así, ¿cómo se justifica el derecho de los reyes cristianos a atacar a los infieles? La respuesta era que los señores cristianos tenían derecho a combatir a quienes se opusieran a la fe. Recordemos que quien se opone a la fe comete pecado cuando lo hace en pleno ejercicio de su entendimiento.

Matías de Paz sostuvo que “[c]ualquier príncipe puede, con la autoridad del Sumo Pontífice, vicario de Cristo, autoridad que no dudamos poseyó nuestro monarca, atacar a los infieles, enemigos de nuestra fe, y someter sus tierras al yugo del Redentor” (Del dominio sobre los indios 215); además, el papa podía, si convenía a la fe católica, “imponerles un Rey católico que les gobernase con real imperio y, debajo del cual, dada la gran distancia de los lugares, se conservase la fe de Cristo” (Del dominio sobre los indios 252). Sin embargo, Matías de Paz sostenía que ello no podía significar que los indios fueran sometidos a ninguna servidumbre. Por el contrario, abogaba por la restitución, esto es, la devolución de su libertad y sus propiedades. Dado que el fin del reino católico es difundir y preservar la fe, el monarca debía actuar caritativamente, ya que valía la pena renunciar a tenerlos como esclavos a fin de ganarlos para la fe católica:

La obligación de restituir es indudable y, lo que es más, afirmo que aunque los indios pudieran ser tenidos como siervos, no es lícito hacerlo de este modo […]. Por ello sostengo que, en nombre de la caridad, y aunque justamente fuesen esclavos, debería dárseles a los indios la libertad […]. Porque si en caso de muerte y por precepto de la caridad se ha de exponer el propio cuerpo para conseguir la salvación del alma del prójimo, como extensamente lo demuestra Santo Tomás, en su Secunda Secundae, ¿no deberemos, con mayor motivo, renunciar a los bienes temporales y a cualesquier ganancias que con tal servidumbre granjeásemos y que son causa de que el nombre de Cristo se blasfeme, cuando, de hacer lo contrario, sólo alabanzas se seguirían del mismo? (Del dominio sobre los indios 255)

Los indios, argumentaba Paz, no podían ser tratados como otros enemigos puesto que eran infieles “privativamente”, es decir, por ignorancia de la fe. Su caso es muy distinto de aquel de los “Turcos y Sarracenos, que no sólo eran infieles privativamente […] sino también positivamente; por eso luchan contra los Cristianos, por ser éstos reverenciadores de Cristo” (Del dominio sobre los indios 254). Los indios no luchaban contra la fe. Simplemente, no la conocían y por tanto no podían ser considerados enemigos de la cristiandad

Matías de Paz y Juan López de Palacios Rubios estaban de acuerdo en el derecho de la corona española a gobernar sobre las Indias. Estaba en discusión en cambio la legitimidad de ejercer violencia contra los indios e imponerles una servidumbre. Palacios Rubios entendía que la guerra sólo se podía ejercer si los indios hacían resistencia alguna al derecho del rey católico y estaba más dispuesto que Paz a conceder que podían ser convertidos en siervos. A fin de imponer una formalidad en la posesión de los nuevos territorios, Palacios Rubios escribió una fórmula llamada como “requerimiento”, texto que, por decreto del rey, debía ser leído en el momento en que los conquistadores declaraban la posesión de una nueva tierra y en que se explicaba a los indígenas el derecho del rey de Castilla a ocupar sus tierras y someterlos como nuevos súbditos.

Avanzado el siglo XVI, aparece en la lucha por la defensa de los indios el dominico sevillano Bartolomé de las Casas (1484 –  1566). Las Casas es uno de los personajes más fascinantes de la historia colonial debido a su tenaz lucha a favor de las poblaciones americanas y su denuncia de la esclavitud y la matanza de estas comunidades. Las Casas escribió varios tratados argumentando, entre otras cosas, que los españoles estaban cometiendo terribles pecados en América y que Dios habría de castigar a Castilla por los delitos cometidos contra los indios. Redactó numerosas cartas al rey advirtiendo sobre las injusticias y los abusos y sobre el poco servicio que los conquistadores hacían a la fe.

La batalla de Las Casas por enmendar las injusticias cometidas contra los indios fue respondida por Juan Ginés de Sepúlveda. En 1550, convocados por el emperador Carlos V en Valladolid, ambos personajes se enfrentaron en un famoso debate. Para la ocasión, Sepúlveda leyó un breve tratado mientras que el energético Las Casas argumentó de manera extensa durante varios días. Una junta de juristas debía decidir quién de los dos tenía razón.

Sepúlveda endureció la postura de Palacios Rubios. En efecto, hasta antes de Sepúlveda, no se había desarrollado de manera tajante una doctrina coherente con el derecho natural en defensa de la servidumbre de los indígenas. Para Sepúlveda, no cabía duda de que los indios, aunque no eran “esclavos naturales”, merecían, debido a sus pecados nefandos, un tratamiento cercano a la esclavitud. Esta cualidad se adquiría cuando una nación demostraba vivir en contra de las leyes naturales. Tal como lo mostraba la evidencia, ni las leyes ni las costumbres de estas gentes castigaban los pecados contra la naturaleza. La inhumanidad del indio, entonces, justificaba su sometimiento, un principio que se tomaba de la Política de Aristóteles. En el diálogo Democrates secundus (Trad. De las justas causas de la guerra contra los indios) el personaje que defiende la justicia de la violencia contra los indios afirma:

si hubiese una gente tan bárbara é inhumana que no contase entre las cosas torpes todos ó algunos de los crímenes que he enumerado y no los castigase en sus leyes y en sus costumbres ó impusiese penas levísimas á los más graves y especialmente a aquellos que la naturaleza detesta más, de esa nación se diría con toda justicia y propiedad que no observa la ley natural, y podrían con pleno derecho los cristianos, si rehusaba someterse á su imperio, destruirla por sus nefandos delitos y barbarie é inhumanidad”. (De las justas causas de la guerra contra los indios 125)

Para Sepúlveda, no había dudas de que las gentes de las Indias se encuadraban dentro de tal categoría y, por tanto, era justo hacerles la guerra, no tanto debido a su infidelidad, sino en razón de sus “nefandas liviandades, sus prodigiosos sacrificios de víctimas humanas, las extremas injurias que hacían a muchos inocentes, los horribles banquetes de cuerpos humanos, el culto impío de los ídolos” (De las justas causas de la guerra contra los indios 133).

Las tesis de Sepúlveda implicaban desconocer los derechos de los señores nativos, así como la capacidad de los indígenas de regirse por sí mismos y alcanzar, mediante una vida política autónoma, una plena condición humana, en arreglo a las leyes naturales. El historiador Anthony Pagden resumió el tratado de Sepúlveda en estos tres argumentos:

a)      que los indios son culturalmente inferiores a los españoles y requerían tutela.

b)      que sus crímenes nefandos los incapacitan para ejercer el derecho de dominium y

c)      que las bulas papales que donaban los territorios de América a los reyes católicos eran legítimas (Pagden The Fall of Natural Man 119).

Para Las Casas, en cambio, la rusticidad de los indígenas tenía que ver con su falta de conocimiento, defecto que podía subsanarse con una evangelización pacífica. Las pruebas que ofrecía Sepúlveda sobre su salvajismo no demostraban nada porque el pertenecer a la categoría humana era suficiente para concederles la capacidad de aprender pues “ninguna gente pueda ser en el mundo” – sostuvo— “por bárbara e inhumana que sea, ni hallarse nación que, enseñándola y doctrinándola por la manera que requiere la natural condición de los hombres, mayormente con la doctrina de la fe, no produzca frutos razonables de hombres ubérrimos” (Historia de las Indias, T. I 15).  

Las Casas, obispo de Chiapas, desarrolló en varios tratados la doctrina de que el derecho natural no amparaba ni la guerra contra los indios ni su sometimiento a servidumbre alguna. “Todos los indios que se han hecho esclavos en las Indias del mar Océano desde que se han descubierto hasta hoy, – había sostenido en 1552 –  han sido injustamente hechos esclavos, y los españoles poseen a los que hoy son vivos, por la mayor parte, con mala consciencia” (Las Casas Tratado quinto 505). Y si bien aceptaba que “[l]os reyes de Castilla y León tienen justísimo título al imperio soberano e universal o alto de todo el orbe de las que llamamos Océanas Indias” (Las Casas Tratado octavo 925), a su vez reconocía, por derecho natural, la soberanía de naciones y pueblos que, “por infieles que sean […] son pueblos libres y que no reconocen fueran de sí ningún superior, excepto los suyos propios, y este superior o estos superiores tienen la misma plenísima potestad y los mismos derechos del príncipe supremo de estos reinos, que los que ahora posee el emperador en su imperio” (Las Casas Tratado noveno 1255).

            Como vemos, el aspecto central del debate era definir el estatuto moral de los indios a partir de una interpretación de las evidencias. Para Sepúlveda, tanto la precaria organización política como sus escandalosamente pecaminosas formas de vida eran pruebas de que ellos no podían regirse por sí mismo. Los indios son representados como sujetos inestables. En consecuencia, requieren de un régimen que los estabilice y humanice.

            Las Casas, por el contrario, no encontraba en aquellas evidencias ninguna justificación para su servidumbre. Llegó incluso a señalar que muchos españoles vivían en la misma rusticidad. Las Casas no se oponía en absoluto a la evangelización pero sí, en primer lugar, al régimen colonial que interfirió y destruyó el gobierno autóctono. Posteriormente, radicalizó su posición. En efecto, en un tratado de 1564 (el Tratado de las doce dudas) llega a sostener que el rey de Castilla ni siquiera tiene derecho a regirlos y que todos los poderes debían ser devueltos a los “señores naturales”.

            ¿Quién fue declarado vencedor del debate de Valladolid? Nadie. Los juristas encargados de definir el debate dilataron su decisión y finalmente no respondieron. Podemos interpretar esto, en cierto sentido, como una modesta victoria de Las Casas ya que por lo menos en el discurso jurídico no se pudo construir una justificación oficial fundamentada del derecho del rey de Castilla sobre las tierras de América. En el terreno político, sin embargo, Las Casas no pudo cumplir sus propósitos. El sometimiento de los indígenas quedó de todos modos sellado y con el paso del tiempo se desarrollaron varias teorías sobre su incapacidad para entender y para vivir por sí mismos “civilizadamente” o, como se decía en la época, “en policía”, es decir, bajo un régimen que los humanizara.

            Es importante comprender las figuras con las que se construyen estas ideas. Una de ellas y que va a ser importante para este curso, es que el régimen cristiano te humaniza pero el régimen bárbaro te embrutece, es decir, te animaliza.

            Vamos a ver luego que esta figura es mucho más compleja que lo enunciado aquí. Porque, por otro lado, la ausencia de “gobierno” o “policía” también puede estar asociada con la “naturalidad”, con un estado edénico (semejante al del Paraíso terrenal) en el que se vive con “inocencia”, es decir, con desconocimiento del pecado. Recordemos que Adán y Eva, antes de la caída, no tenían conocimiento del pecado y, por tanto, no podían pecar.


[1] La idea de que la mente de los indios tiene dificultades para comprender los aspectos abstractos de la doctrina católica y que, por lo tanto, se requiere de un esfuerzo especial para asegurar su conversión y fidelidad espiritual ha sido pronunciada abiertamente por la intelectualidad peruana hasta  muy avanzado el siglo XX. El filósofo conservador Víctor Andrés Belaunde (1883-1966)  elogió la labor de los misioneros coloniales afirmando que “los misioneros españoles lograron […] que la idea de un Dios paternal se extendiera a los aborígenes más retrasados” (Citado por Armando Nieto en “El culto eucarístico en la evangelización del Perú”). La idea subsiste, aunque menos explícita, en el Perú contemporáneo.

Imagen de Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda tomada de aquí.

Trivia I

Posted in Uncategorized by dsalasdi on febrero 4, 2010

Aquí tenemos un ejercicio bastante ilustrativo para aprender a distinguir periodos de la historia y sus respectivas sensibilidades. Leamos primero estas dos citas:

 “En la política medieval el hombre es, contra tantas falsificaciones que se han dado en la Edad Media, un ente abstracto, sumergido en su estamento, en el que apenas se acusa su personalidad, como en la pintura gótica o como en los conjuntos escultóricos de las catedrales, donde se representan conceptos con figuras convencionales. La política humanista, ya con Fernando el Católico y no menos con Carlos V, es una empresa para hombres reales, con sus ideas, sus sentimientos, sus aspiraciones, sus intereses, sus pasiones, todos ellos concretos y singulares” (Maravall Carlos V y el pensamiento político del renacimiento 30).

 “Man, for the Renaissance, was not man as depicted by ancient philosophy, controlling his actions and creating his destiny by the work of his intellect, but man as depicted by Christian thought, a creature of passion and impulse. History thus became the history of human passions, regarded as necessary manifestations of human nature” (Robin George Collingwood 57).

 Ahora leamos estas cinco citas. Dos de ellas pertenecen al periodo medieval y tres al periodo renacentista. ¿Cuáles son y en dónde lo observamos?

 1. “Y así, se ha ampliado tanto esta nave que todo el mundo abarca. Pero hace tiempo que se ha empezado a estrechar. Primero, cuando el preste Juan se fue de la iglesia cristiana; después en toda el Asia, son tártaros o turcos, y son infieles y renegados; después África y Egipto y toda tierra de moros; después el emperador de Grecia; después los armenios; después los georgianios; después los cristianos de la cintura; y así se ha estrechado que ya son pocos los que están bajo verdadera obediencia cristiana. Y así están en la poca, y se va a estrechar aún más; cuando venga el hijo de la virgen María, pocos serán de la Iglesia católica. Y así la Iglesia es la nave que llevará a las gentes de este mundo al otro.”

 2. “Mas es cosa de alta consideración, que la Sabiduría del eterno Señor quisiese enriquecer las tierras del modo más apartadas, y habitadas de gente menos política, y allí pusiese la mayor abundancia de minas que jamás hubo, para con esto convidar a los hombres a buscar aquellas tierras, y tenerlas, y de camino comunicar su religión, y culto del verdadero Dios, a los que no le conocían, cumpliéndose la profecía de Isaías, que la Iglesia había de extender sus términos, no solo a la diestra, sino también á la siniestra.”

 3. “los cronistas griegos, los cuales, como fuesen verbosos, elocuentes, abundantes en palabras, amicísimos de su propia estima y particular honor, cada uno escribía, no de lo que vio ni experimentado había, sino lo que tomaba por tema de su opinión, mezclando fábulas y erróneas ficciones, contrarias las de los unos a las de los otros de su misma nación; por manera que con todo su estudio, a sí mismos y a los que sus propias historias leyesen engañar se resolvían.”

 4. “Bien así como Dios creó estas cosas en el cielo, así él quiso que se juntasen las aguas en un lugar, y a aquella unión de las aguas llamó mares y lo que quedó seco lo llamó la tierra. Y de las mares salen las aguas y a ellas regresan. Y en las mares y las aguas, todas las cosas vivas que en ellas viven y nadan se llaman peces. Y en la tierra creó las hierbas y las piedras y los árboles y los metales, y los animales, tanto las que son limpias y caminan, que se llaman animales, como las que andan arrastrándose, que se llaman reptiles, como las aves que viven en la tierra y en el aire. Y entre todas las otras, cosas, creó Dios al hombre en la tierra, y lo hizo a su imagen y a su semejanza. Y en cuanto lo hizo a su imagen, crea siempre en él firmemente que Dios, que es una cosa espiritual, se volverá corporal; y así fue cuando Jesu Cristo fue concebido por el Espíritu Santo en el cuerpo de la bienaventurada Santa María. Y antes que fuese concebido, y después que nació y cuando llegó al mundo, y ahora (que está y estará para siempre sin fin en cuerpo y alma en el Paraíso) siempre fue Dios y siempre fue hombre en el ordenamiento de Dios. Mas no fue hombre que se pareciese a los hombres hasta que nació de Santa María, como se ha dicho. Y así no puede ninguno argumentar que, pues dijo que haría al hombre a su imagen, que no es posible que Dios hubiese de tener cuerpo, ya que la imagen no es sino un cuerpo que semeja a otro”.

 5.“Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre; y fue de esta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y, estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río”.

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