Epic, Chaos, Romance, Guilt

Recomendaciones para leer la Respuesta a Sor Filotea

Posted in Uncategorized by dsalasdi on mayo 3, 2010

En esta carta, Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695) se excusa ante Sor Filotea por haber escrito un estudio (la Carta Atenagórica) en el que refuta un estudio de unreputado teólogo portugués, el padre Antonio Vieira (1608-1697) en torno a las “finezas de Cristo”. Las “finezas de Cristo” se refiere a las gracias que dio Jesús a los hombres.

El ensayo de Sor Juana fue considerado por algunos miembros del clero como una afrenta, ya que Vieira era muy admirado por el arzobispo de la ciudad de México. “Sor Filotea” es una máscara para referir al obispo de Puebla, mentor de Sor Juana y quien la había animado a escribir dicha refutación. Se puede decir que este obispo había usado las habilidades de Sor Juana para burlarse del arzobispo de la Ciudad de México. Pero ahora ella, en medio de la disputa, debía callar y dedicarse a su profesión de monja.

Por entonces, la fama de Sor Juana Inés de la Cruz ya era grande y había llegado hasta España. Era el ejemplo de una mujer altamente educada capaz de escribir poemas y obras de teatro de alta calidad.  Pero su Carta Atenagórica significaba entrar en un terreno propio de los hombres.

En su “Respuesta” Sor Juana se defiende recurriendo a su propia biografía, resaltando su natural e incontrolable deseo por aprender. Por ejemplo, refiere que dejó de comer queso porque le habían dicho que ese alimento te volvía tonto (“rudo”). Sus excusas y el pedido de que se la perdone son, por cierto, muy irónicas, es decir, no se pueden tomar a la letra.

Quiero que comprendan este texto a la luz de la evolución de las ideas sobre la humanidad. Recuerden cómo Las Casas defendió a los indios en términos similares. Busquen entonces los aspectos referidos al alma, el conocimiento y la virtud en este texto. Observen también de qué manera Sor Juana se burla de los privilegios masculinos.

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Una respuesta

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  1. Elvira said, on mayo 3, 2010 at 8:43 pm

    Además, de la evolución de las ideas sobre la humanidad y los aspectos referidos al alma, el conocimiento y la virtud en este texto, Sor Juana se burla de los privilegios masculinos, en parte desde el tópico del silencio, como una “treta del débil”, para expresarlo en términos de Josefina Ludmer, que muestra su manera de contestar al sistema dominante desde una posición de subordinación.

    Según Octavio Paz en El arco y la lira, “callamos, decía Sor Juana, no porque no tengamos nada que decir, sino porque no sabemos cómo decir todo lo que quisiéramos decir” (56).

    Una forma de silencio en la Respuesta es la opción de Sor Juana de mantener el disfraz femenino del obispo, aunque supiera que se trataba de un hombre, para reforzar los vínculos con su interlocutor(a) en un tono de familiaridad como estrategia para su defensa, argumentando con episodios autobiográficos y citando ejemplos de mujeres doctas.

    Para enaltecer a su interlocutor, tomo todo lo que este le amonestaba en traje de consejo como precepto, rebajando su propia valía y empleando fórmulas de empequeñecimiento, con preguntas retóricas como “¿Por ventura soy más que una pobre monja, la más mínima criatura del mundo y la más indigna de ocupar vuestra atención?”. Sor Juana insiste en que este silencio detrás del cual se esconde no es afectada modestia, sino “ingenua verdad de toda mi alma”, pero en realidad sí lo es, porque se trata de una estrategia meramente retórica.

    Josefina Ludmer enfoca la estrategia sorjuanina del silencio como una treta del débil, desde la cual la monja polemiza sobre la interpretación de una sentencia de San Pablo que dice lo siguiente: “Callen las mujeres en las iglesias, pues no les es permitido hablar”. Según Sor Juana, la inteligencia no tiene sexo y no tendría por qué estarles prohibido hablar a las mujeres en la iglesia; sin embargo, ella misma se siente incapaz de hablar ni en el púlpito ni en la cátedra de cuestiones de teología, porque es más apta para hablar de asuntos profanos y poéticos. (Cabe resaltar que en su poesía también es frecuente el tópico del silencio).

    Según Ludmer, en la Respuesta, Sor Juana separa entre el saber y el decir, o sea que las mujeres pueden saber pero no hablar, porque los hombres son los únicos que pueden hablar en la iglesia. Para refutar ese argumento, la monja presenta un catálogo de mujeres doctas
    –algunas de ellas discípulas de San Jerónimo, y se incluye en la lista– de elocuente influencia.

    Sor Juana admite que se demoró en contestar la carta del obispo, porque no sabía responder algo digno de él ni “agradecerle” la publicación de su texto. Ese no saber decir, para Ludmer, conduce al silencio, pero esto es relativo, porque implica el reconocimiento de la superioridad del otro y la asunción de una posición subalterna con respecto a él.

    Entre lo argumentos autobiográficos, también se encuentra el tópico del silencio; por ejemplo, cuando aprende a leer de pequeña en las clases de su hermana, pero lo calla ante su madre. Ese no decir que sabe es una manifestación del tópico del silencio, porque nuevamente se trata de un empequeñecimiento del débil ante la autoridad del superior: en este caso, su madre.
    Para Ludmer, la figura del obispo y de la madre están estrechamente relacionadas, porque ambos le producen miedo al castigo a y generan en Sor Juana un “no decir por no saber” en el campo de la teología.

    En medio de su crisis en la Respuesta, Sor Juana argumenta que hacia el final de su vida ya no le interesaba publicar –el punto más alto del decir–, porque hasta entonces lo había hecho por obligación y encargo (con excepción del “Primero sueño”) y cambia de manera radical, porque pasa a dedicarse devotamente a sus deberes monacales –a la práctica en vez de al mero discurso en las iglesias– donando todos sus bienes para la caridad y ayudando a sus hermanas –de quienes antes se quejaba porque no la dejaban estudiar– y termina contagiándose de la peste.

    Para Ludmer, “el dar la palabra y el identificarse con el otro para constituir una alianza implican una exigencia simultánea; el débil debe aceptar el proyecto del superior”, porque “la cultura superior está a cargo del letrado [hombre], por lo cual las mujeres deben callar en las iglesias.”

    Por otro lado, Rosa Perelmuter propone que dado que en la Respuesta el juez y el acusador de la monja es el mismo obispo disfrazado de Sor Filotea, Sor Juana debe proceder con cautela, lo cual se puede vincular con algunas ideas de Doris Sommer, según la cual “Sor Juana Inés de la Cruz juró acatar la orden del silencio de la Iglesia, y luego sacó a la luz una extensa carta con su descargo” la Respuesta como ingeniosa insubordinación. El silencio, tanto para Sommer como para Sor Juana, “explica mucho con el énfasis de no explicar, [aunque] es necesario ponerle algún breve rótulo para que se entienda lo que se pretende que el silencio diga.”


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